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    Problemática social

    Se identifican tres factores principales que inciden en la problemática social:

    ESTRÉS TÓXICO (CRÓNICO):

    Se ha demostrado que el exceso de hormona del estrés (cortisol) altera los circuitos neuronales del cerebro. Por esto, niñas y niños expuestos a experiencias adversas fuertes, frecuentes, prolongadas sin el apoyo adecuado de un adulto, tienen mayor probabilidad de ver afectado su desarrollo cerebral y tienen una mayor propensión a enfermedades en el futuro.  Las causas más comunes de estrés tóxico en la infancia son: vivir en un ambiente de indigencia, negligencia parental, drogadicción, maltrato, padres con trastornos severos de salud mental, entre otros.

    DESCONOCIMIENTO DE HÁBITOS NEUROPROTECTORES:

    Existe desconocimiento de la importancia que tienen y cuáles son los hábitos que protegen y potencian el desarrollo cerebral.  Entre estos están:

    Afecto: Un vínculo sano entre el niño y la persona que lo cuida es fundamental para su desarrollo físico, emocional e intelectual. El niño/a necesita sentirse protegido, seguro y cuidado. Asimismo, necesita una referencia estable de apoyo, dedicación, responsabilidad y amor. Por esta razón, quienes se encuentran a cargo de niños deben mostrarse siempre receptivos y dispuestos a responder.

    Interacción y Lenguaje: Cuando un niño se expresa, ya sea balbuceando o llorando, y encuentra como respuesta un contacto visual, un abrazo o una respuesta oral, en su cerebro se establecen o refuerzan conexiones neuronales que posteriormente le ayudarán a desarrollar sus habilidades comunicativas y sociales.

    Alimentación Saludable: Desde el embarazo,  el crecimiento y desarrollo del cerebro depende de manera crítica de la calidad de la nutrición de un niño/a.

    Desnutrición lingüística:

    Un estudio llevado a cabo por Betty Hart y Todd Risley (1995) comprobó que la diferencia entre clases sociales influye en el desarrollo lingüístico de niños y niñas. El fenómeno de este estudio, acuñado como “La Catástrofe Temprana” vislumbra una preocupante realidad: niños/as de familias con un estatus socioeconómico alto, a los 4 años, han escuchado 48 millones de palabras, mientras que hijos/as de familias vulnerables han escuchado sólo 13 millones. Un segundo resultado igualmente interesante, fue que un niño en una familia de profesionales escuchaba 6 estímulos positivos por cada prohibición negativa, mientras que un niño en una familia vulnerable, recibía dos prohibiciones por cada estímulo positivo.

    Esta desnutrición lingüística afecta muchas áreas de desarrollo y tiene impactos importantes a mediano y largo plazo. Existen sencillas estrategias de estimulación lingüística que se pueden realizar, tanto en los momentos de juego, como en las rutinas diarias.

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